
Cuando el estadounidense Edward Lamarche Levin caminaba por las calles de Washington Heights veía escuelas y calles con nombres de próceres latinos, como Juan Pablo Duarte, pero esto nunca le llamó la atención, porque en esos momentos ni siquiera imaginaba que podría ser descendiente de uno de los trinitarios.
En Estados Unidos no pasaba ni vagamente por su cabeza la idea de que sus lazos de herencia genética lo llevarían a descubrir que es tataranieto de Juan Isidro Pérez, llamado “el ilustre loco” y uno de los nueve miembros fundadores de La Trinitaria, sociedad secreta creada por Duarte para lograr la Independencia Nacional y fundar la República Dominicana en 1844.
Este descubrimiento cambió la vida de Lamarche, quien era un abogado con ingresos estables gracias a sus trabajos en el área jurídica y de producción de televisión para empresas como NBC, Fox Five News, United Press, American Media, además de su propia compañía de filmación de vídeos y películas.
Hoy, contrario a la actitud de una inmensidad de dominicanos que anhelan ser al menos residentes en Estados Unidos, Lamarche Levin lleva ocho meses en el país luego de tomar la desición de vivir aquí, y ahora su sueño es obtener la nacionalidad dominicana. “Yo sentía un vacío en mi vida y una crisis de identidad allá en New York, pero eso ha cambiado al enterarme que provengo de una familia que creó este país”, dice orgulloso.
Ha recibido la ayuda del Instituto Duartiano, de manos de su presidente José Joaquín Pérez Saviñón, a quien solicitó ser miembro de la entidad y éste ha aceptado la idea. Sostiene que Pérez Saviñón le prometió ayudarle en la solicitud de la nacionalidad dominicana. Comenta que también ha recibido mucho apoyo del Instituto Genealógico. Al preguntarle si ha tenido que ofrecer dinero a alguien en sus investigaciones, dijo que todos le han ayudado desinteresadamente.
Aquí trabaja para una revista marítima que se distribuye en los puertos del país y se edita en inglés y español, pero dice que espera trabajar de lleno en el área portuaria y legal.
Lamarche Levin está alojado en el hotel Alcandeza de Gascue, y asegura que no extraña para nada la vida en los Estados Unidos porque allá solo tenía a un hermano como familiar cercano, al que veía en pocas ocasiones, ya que sus padres fallecieron por problemas de salud. Aunque ha sufrido en carne propia las vicisitudes de los dominicanos, como los apagones, calles dañadas, tapones y tránsito desorganizado, dice que le ha gustado mucho el país, principalmente la ingenuidad y franqueza de su gente, el merengue, la bachata, la comida típica y lugares como Puerto Plata y San José de Ocoa. Manifiesta un peculiar optimismo a la hora de hablar del futuro del país. “Creo que este país encontrará solución a sus principales problemas, eso está en la gente, hay muchas personas buenas, solo les falta oportunidades”, enfatiza.
Explica que el dominicano siempre tiene buen humor a pesar de los problemas, y un acento particular que entiende han perdido los que se han ido a Estados Unidos. Washington Heights es un vecindario de la ciudad de Nueva York, en el extremo norte del distrito metropolitano de Manhattan, donde se concentra una comunidad de dominicanos, lo que colocó a Lamarche Levin en contacto frecuente con los quisqueyanos y la posibilidad de tener amigos.
En Estados Unidos no pasaba ni vagamente por su cabeza la idea de que sus lazos de herencia genética lo llevarían a descubrir que es tataranieto de Juan Isidro Pérez, llamado “el ilustre loco” y uno de los nueve miembros fundadores de La Trinitaria, sociedad secreta creada por Duarte para lograr la Independencia Nacional y fundar la República Dominicana en 1844.
Este descubrimiento cambió la vida de Lamarche, quien era un abogado con ingresos estables gracias a sus trabajos en el área jurídica y de producción de televisión para empresas como NBC, Fox Five News, United Press, American Media, además de su propia compañía de filmación de vídeos y películas.
Hoy, contrario a la actitud de una inmensidad de dominicanos que anhelan ser al menos residentes en Estados Unidos, Lamarche Levin lleva ocho meses en el país luego de tomar la desición de vivir aquí, y ahora su sueño es obtener la nacionalidad dominicana. “Yo sentía un vacío en mi vida y una crisis de identidad allá en New York, pero eso ha cambiado al enterarme que provengo de una familia que creó este país”, dice orgulloso.
Ha recibido la ayuda del Instituto Duartiano, de manos de su presidente José Joaquín Pérez Saviñón, a quien solicitó ser miembro de la entidad y éste ha aceptado la idea. Sostiene que Pérez Saviñón le prometió ayudarle en la solicitud de la nacionalidad dominicana. Comenta que también ha recibido mucho apoyo del Instituto Genealógico. Al preguntarle si ha tenido que ofrecer dinero a alguien en sus investigaciones, dijo que todos le han ayudado desinteresadamente.
Aquí trabaja para una revista marítima que se distribuye en los puertos del país y se edita en inglés y español, pero dice que espera trabajar de lleno en el área portuaria y legal.
Lamarche Levin está alojado en el hotel Alcandeza de Gascue, y asegura que no extraña para nada la vida en los Estados Unidos porque allá solo tenía a un hermano como familiar cercano, al que veía en pocas ocasiones, ya que sus padres fallecieron por problemas de salud. Aunque ha sufrido en carne propia las vicisitudes de los dominicanos, como los apagones, calles dañadas, tapones y tránsito desorganizado, dice que le ha gustado mucho el país, principalmente la ingenuidad y franqueza de su gente, el merengue, la bachata, la comida típica y lugares como Puerto Plata y San José de Ocoa. Manifiesta un peculiar optimismo a la hora de hablar del futuro del país. “Creo que este país encontrará solución a sus principales problemas, eso está en la gente, hay muchas personas buenas, solo les falta oportunidades”, enfatiza.
Explica que el dominicano siempre tiene buen humor a pesar de los problemas, y un acento particular que entiende han perdido los que se han ido a Estados Unidos. Washington Heights es un vecindario de la ciudad de Nueva York, en el extremo norte del distrito metropolitano de Manhattan, donde se concentra una comunidad de dominicanos, lo que colocó a Lamarche Levin en contacto frecuente con los quisqueyanos y la posibilidad de tener amigos.