
MONTECRISTI.- Este lunes se cumplen 71 años de haber iniciado los padres misioneros de la Compañía de Jesús, la labor evangelizadora a favor de los pobladores del Noroeste, generando grandes beneficios espirituales y materiales. En aquella época, la Iglesia dominicana confrontaba una gran preocupación por la falta de sacerdotes católicos en aquellas desoladas zonas de las provincias de Monte Cristi, Libertador y San Rafael. Sus habitantes carecían del pasto espiritual, no existian comunidades parroquiales, se necesitaban maestras y lideres comunitarios.
Gran parte de las familias vivía en alta promiscuidad hogareña, cargadas de hijos, pues el amancebamiento era un patrón normal entre las parejas de estas tierras, con alto nivel de ilegales haitianos y con conflictos generados por los límites fronterizos, situación que cada día se iba empeorando y se temía que tarde o temprano degeneraría en graves imprevisibles. Las autoridades eclesiásticas dominicanas de otrora vislumbraron a tiempo la intolerancia del sátrapa Rafael Leónidas Trujillo, capaz de tomar acciones violentas con tal de imponer el orden y el respeto a la soberanía de nuestro país.
Esa fue la causa del envío de los sacerdotes Jesuitas, revestidos de sacrificios, tenacidad y con la instrucción de inyectar nuevas energías morales para el reordenamiento de esas comunidades. Se constituyó en la primera fórmula salvadora que restableció la identidad dominicana y sentido nacionalista en aquellas tres provincias, a través del culto religioso.
Pese a la labor evangelizadora ecuánime, justa, oportuna y eficaz, que no tomaba en cuenta color ni nacionalidades, los jesuitas no pudieron detener el holocausto que un año después del comienzo de su plan evangelizador, en octubre de 1937, cometió la tiranía contra indefensos habitantes de piel negra en la zona, principalmente haitianos.
Ese abominable y sanguinario hecho llevó a los jesuitas a redoblar su plan, construyeron más de 40 ermitas diseminadas en los confines fronterizos para difusión del evangelio cristiano. Los pequeños templos fundados en el Noroeste por los jesuitas fueron una futura esperanza de un despertar más humanizante y religioso.
A los 71 años de ese hito, en la zona fronteriza aún campea por sus fueros el contrabando y el robo de todo tipo de mercancías, un patrón mental, moral y económico protegido por los que auspician un territorio sin ley, amparados bajo la confabulación de algunos y la negligencia de otros.